En una compleja gira, Francisco realizó una defensa cerrada de los derechos humanos y la solidaridad social.
l Papa emprendió a las cinco de la tarde (nueve horas menos en la Argentina) el regreso a su sede de Roma tras una triunfal gira asiática dominada por su defensa de la minoría musulmana rohingya, perseguida con un genocidio por los militares de la ex Birmania y con 700 mil prófugos huidos al vecino Bangladesh.
En la ex Birmania, los militares prácticamente prohibieron al Papa que mencionara por su nombre a los rohingyas y no permitieron que recibiera a ninguna delegación de esa etnia islámica perseguida, que los budistas y los uniformados consideran extranjeros, negandose a darles la nacionalidad.
Una escena de la visita del Papa a Bangladesh. (AFP)
El jueves, cuando Bergoglio viajó a Bangladesh, el panorama cambio totalmente. El presidente de ese país dijo al Papa que “miles de rohingyas han sido asesinados, torturados y miles de mujeres fueron violados”, en el peor desastre humanitario que se recuerda en décadas en la región asiática. Del millón y medio de integrantes de la minoría, 700 mil han huído a Bangladesh, adonde siguen llegando.