El lunes arrancó la semana nublado y húmedo. Casi premonitorio. También empezó con la aplicación del decreto 690 sobre practicaje y pilotaje de barcos, una medida que generó una crisis breve, pero profunda, y que expuso los laberintos inexplicables de un gobierno que no logra encontrar un modo de funcionamiento orgánico, a pesar de que se encamina a cumplir tres años.
La iniciativa tuvo siempre ese inconfundible gusto por las grandes batallas contra los pequeños privilegios que Federico Sturzenegger saborea como nadie. Era una vieja idea que había compartido con Javier Milei, siempre entusiasta con todas las propuestas de desregulación. Sin embargo, durante dos años no encontraba eco en el gabinete para sumar las firmas necesarias, entre otras razones porque Patricia Bullrich, como ministra de Seguridad se lo venía frenando. Con Alejandra Monteoliva en su lugar, y Carlos Presti en Defensa, ese problema había quedado resuelto. Eran piezas clave porque se suponía que oficiales de la Armada y de Prefectura deberían hacerse cargo de la operatoria con los barcos en el caso, muy previsible, de que la medida derivara en un conflicto. Los dos garantizaron cobertura absoluta ante esa eventualidad.
Javier Milei y su equipo en la cadena nacional por el proyecto de reforma del BCRAPresidencia
Cuando el tema avanzó, la Secretaría Legal y Técnica planteó observaciones técnicas, pero Sturzenegger aceleró y el decreto finalmente se firmó con el claro objetivo de reducir los envidiables salarios de más de US$15.000 que cobran algo más de 500 prácticos y pilotos navales. La reacción fue una medida de fuerza que paralizó 185 barcos. Pero cuando se quisieron activar las medidas de emergencia previstas, todas fracasaron.
A la hora de reemplazar a los marinos, la Armada admitió que sólo contaba con seis oficiales disponibles para la tarea y la Prefectura con ninguno. Alguien sugirió entonces recurrir a quienes se encargan de otorgar las habilitaciones a los prácticos, dado que se supone que deben contar con la experiencia suficiente. Pero se enteraron ahí que son ellos mismos los que se autorizan las titulaciones.
El paro de prácticos generó un freno de la actividad que complicó la economíaNicolás Suárez
En sólo 48 horas la situación se agravó exponencialmente. Las empresas del sector hidrocarburífero avisaron al Gobierno que quedaban insumos para sólo tres días más y después podía haber faltante de combustibles. Sonaron las alarmas y el tema estalló en la mesa política del martes. Bullrich arremetió contra Sturzenegger y esta vez no halló resistencia en Karina Milei, quien también dejó circular su malestar con el ministro.
Se resolvió dar marcha atrás, pero sin derogar el decreto, y se acordó una baja salarial para los prácticos para disimular la derrota. Diego Santilli se encargó de instrumentar el repliegue, también con la intervención de Santiago Caputo. “Quizás debimos haberlo analizado en la mesa política antes de firmar el decreto. Federico tiene buenas intenciones, pero no termina de contar con reflejos políticos. No podemos tomar una medida así y no tener garantías de poder sostener el conflicto. No midió el problema operativo”, resumió con piedad un integrante de la mesa política. Sus pares tuvieron expresiones menos misericordiosas.
El episodio hubiera tenido el carácter de una anécdota rápidamente olvidable si no hubiese retratado tan fielmente el conjunto de falencias que todavía aquejan al gobierno y que dan cuenta de que, un mes y medio después de la salida de Manuel Adorni, la oxigenación interna que generó ese movimiento no derivó aún en un funcionamiento interno más fluido.
Federico Sturzenegger junto al presidente Javier Milei, una relación directaX
Problema 1: Sturzenegger tiene una llegada directa a Milei, quien siente admiración por su ministro, por sus pergaminos académicos, y también por su atrevimiento para ser políticamente incorrecto. Es una de las debilidades del Presidente. Ese diálogo directo entre ellos opera como un bypass a la mesa política, que no logra filtrar sus ideas. Lo mismo ocurre con otros ministros y denota que sigue habiendo un esquema radial en muchas decisiones, en detrimento de un mecanismo más orgánico.
Problema 2: la mesa política ganó dinámica con la renovación del gabinete, pero no cuenta con una voz ordenadora. Su ampliación le quitó eficacia, además de que las desconfianzas internas por las filtraciones hicieron que muchas veces se eludan los temas espinosos. Karina Milei es claramente la más influyente, pero no llega a todos los rincones de la gestión. Cada vez se apoya más en Santilli, quien ejerce de bombero de emergencias. Los Menem intervienen con intermitencias. Caputo está en una etapa de retracción. No faltan actores; el problema es la dinámica. Muchas veces hay temas que deambulan y no se definen simplemente porque nadie baja el martillo. Y en otras ocasiones, los problemas pasan por la colectora sin ser detectados, como el de los prácticos.
Reunión de la nueva mesa política ampliadaPresidencia
Problema 3: el más grave de todos, sin duda, es que Milei profundizó su aislamiento de la dinámica diaria de la gestión a partir de la salida de Adorni, algo que sorprendió mucho a sus interlocutores de las últimas semanas. En el propio Gobierno lo admiten. Como si hubiese quedado desgastado emocionalmente. Se retrajo en el mundo de Olivos, de los viajes y de la teoría económica, y no hay registro de que haya intervenido en la crisis de los prácticos, como tampoco en el debate por la ley de tierras. Su entorno se angostó mucho y se volvió más impermeable al intercambio de ideas. Esa ausencia de una conducción clara en el Gabinete deriva muchas veces en un proceso de toma de decisiones inconcluso, contradictorio e inconsulto.
Todos estos problemas autogenerados también quedaron expuestos en el traspié con el capítulo de la extranjerización de las tierras. Hubo un déficit para interpretar el clima nacionalista post Mundial que era contradictorio con el otorgamiento de un beneficio a los forasteros “antiargentinos”.
Así se encuentran las inmediaciones del Congreso mientras los senadores debaten la Ley de Tierras
Esto hizo que el Gobierno, que hace dos meses relegó la iniciativa en medio de la indiferencia social para priorizar los pliegos judiciales (y después se pasó semanas sin poder sesionar por miedo a una interpelación a Adorni), ahora perdiera rápidamente el debate público. Nadie articuló un discurso convincente de por qué había que eliminar el límite a la compra de tierras. También se sumó el hartazgo que hace tiempo generan en el Congreso los proyectos ómnibus que redacta Sturzenegger, sobrecargados de muchos ejes diferentes y sensibles, todos en el mismo texto.
Pero el dato político más complejo fue el corcoveo de los gobernadores aliados, que empezaron a manifestar un cansancio con las indefiniciones de la Casa Rosada respecto del futuro electoral. “Nos están llevando de a poco y no resuelven nada”, fue la queja que escucharon en el Gobierno esta semana de mandatarios cercanos, como el tucumano Osvaldo Jaldo, el neuquino Rolando Figueroa, el misionero Hugo Passalacqua (que acaba de rebelarse contra Carlos Rovira y adoptó una posición más opositora) y el salteño Gustavo Sáenz.
Gobernadores del Norte Grande en una reunión con el jefe de Gabinete, Diego Santilli
Empieza a desgastarse otra vez el mecanismo de negociación ley por ley, gobernador por gobernador, senador por senador. En el verano, con el ímpetu del triunfo electoral, el mecanismo funcionó aceitadamente. Ahora, la ecuación ya no es la misma; el Gobierno volvió a perder ritmo. ¿Qué pasó con el acuerdo marco con una docena de gobernadores que en junio se había conversado en la cúpula del poder para blindar la economía y el camino electoral? Laberintos, radialidad, descoordinación, prescindencia.
El Gobierno parece por momentos haber extraviado el sensor del humor social que lo caracterizaba en su primera etapa, y eso lo lleva a impulsar una agenda que luce descalzada de las principales demandas. La batería de proyectos que atragantan la agenda legislativa se entiende sólo bajo una lógica endogámica, no política: súper RIGI, inocencia fiscal, Banco Central, lobby, hojarasca. Milei puro, pero nada que genere conexión. Por eso dejaron trascender en la mesa política que propuestas como la desregulación de farmacias, inmobiliarias o precios de libros quedarán congeladas. “Basta de batallas que no conducen a ningún lugar”, tronó una voz brava de la conducción.
El Senado tuvo una ardua sesión por la ley de tierrasSENADO ARGENTINA – Charly Diaz Azcue
El reformismo permanente encontró un límite en el Congreso, pero también en la percepción social porque con sus iniciativas el Gobierno no logra implicancias directas en la vida cotidiana y desgasta uno de los principales mandatos que tenía.
A diferencia de lo que ocurrió con Mauricio Macri, Milei asumió con una sociedad que, después de décadas de mantener una postura adaptativa pro status quo, pasó a pedir cambios radicales. Él fue un emergente extremo de esa voluntad de viraje profundo que sólo un hartazgo muy estructural e inédito logró modelar.
Pero entre la persistencia de las dificultades económicas y el desenfoque de la agenda del Gobierno, parece empezar a producirse también una erosión en lo que Milei representa como vector de transformaciones profundas, aunque con un límite muy claro: cualquier cosa menos el pasado. Cada vez que el pasado amenaza, el Presidente recupera crédito en su misión.
Una tendencia estructural
En el fondo emerge un diagnóstico compartido internamente: el caso Adorni generó mucho daño, pero su apartamiento no mejoró demasiado la imagen del Gobierno, al que le está costando demasiado administrar el arranque del segundo semestre.
Según los números que se manejan en la Casa Rosada, la imagen positiva de la gestión pasó de 45% favorable-55% desfavorable a principio de año, a 35% favorable-65% desfavorable ahora. El problema mayor es que no evolucionó desde que se fue el jefe de Gabinete. Lo bueno es que tampoco se agravó y eso sigue dejando competitivo a un oficialismo que mantiene un tercio del electorado como piso. Es otras de las anomalías del fenómeno libertario, que puede hacer coexistir malestar y pesimismo con la percepción de que incluso así puede ganar el año próximo.
Mientras siga apareciendo Ricardo Quintela con propuestas de expropiación, Milei seguirá con chances altas de reelección; si emerge alguien con un mensaje más convocante que aglutine el enojo con el Gobierno, la suerte estará echada.
Evolución de las expectativas económicas, según la encuesta de Escenarios
Una encuesta de la consultora Escenarios, de Federico Zapata y Pablo Touzón, arroja algunas conclusiones importantes que ayudan a entender las dificultades libertarias. En primer lugar, que se quebró el principal activo del Gobierno que eran las expectativas positivas (52,9% piensa que estará peor dentro de un año), un dato que puede empezar a erosionar la paciencia con el ajuste.
En segundo término, que finalizó el crédito de la herencia recibida: entre el 70% y el 90% responsabiliza a la actual gestión por los diferentes problemas económicos. Después ratifica que la lucha contra la corrupción quedó erosionada como capital anticasta del oficialismo, para entonces concluir: “El deterioro oficialista dejó de ser coyuntural”, porque esos indicadores “configuran un piso de malestar estructural que la sola estabilización monetaria ya no compensa”. No era sólo un problema de cascadas.
El presidente Javier Milei durante su paso por La Cornisa (LN+)
A pesar de estas evidencias, el Presidente no tiene previsto alterar sus prioridades. “Javier no va a cambiar nada, no a va a hacer otra cosa por el riesgo de perder la elección. La gente lo votó para que baje la inflación y ajuste el gasto, y es lo que está haciendo. Si la gente ahora pide otra cosa, votará a otro; él no tiene problemas en perder, esa es la novedad del personaje. Si piden más producción, apoyo a las pymes o asistencia a los morosos, eso no es para nosotros”. La reflexión, muy reveladora, pertenece a una persona de extrema confianza de los Milei. Es uno de los principales atributos que conserva el líder libertario: ser frontal y genuino con sus posturas, aunque eso le traiga problemas.
Pero esta inflexibilidad no es inocua. Hace tiempo que Luis Caputo viene expresando internamente su inquietud por la lentitud que exhiben los indicadores de reactivación económica. Más allá de la batalla que libra en público por los datos, hacia adentro del Gobierno deja traslucir su impaciencia, pero no logra perforar la barrera presidencial.
Luis Caputo y Kristalina Georgieva, en su reciente visita al paísGustavo Garello – AP
Concretamente, el ministro estaría dispuesto a resignar algo del ritmo de la baja de la inflación, a cambio de motorizar el crédito, el consumo y la actividad. Pero Milei no cede; la inflación es su prioridad total, aun cuando le explican que las preocupaciones de la gente se desplazaron desde los precios hacia el poder adquisitivo y el empleo. “¿Qué hace entonces Toto? Equilibrio, entre el Presidente y su equipo económico, y la va llevando. Pero él preferiría atender ahora más la recuperación”, señala un interlocutor directo del ministro.
En este contexto, lo que considera el problema más acuciante es la falta de circulante, por la absorción de pesos y porque los dólares no fluyen. En las últimas semanas se dio una larga discusión en torno de la propuesta de introducir un cambio monetario para promover que los bancos puedan otorgar préstamos en dólares, que movilice parte de los US$7000 millones que están encajados. Finalmente en los últimos días se llegó a un acuerdo para avanzar y se prevé su anuncio en las próximas semanas. Si no vuelve a caer en el laberinto libertario.




