La última audiencia del juicio de los cuadernos de las coimas le ofreció a José López la posibilidad de reconvertirse una vez más. Frente a los jueces del tribunal, el exsecretario de Obra Pública del kirchnerismo puso a media asta su declaración como arrepentido e intentó, como pudo, sostener su inocencia y la de Cristina Kirchner, sin hacer implosionar su régimen de imputado colaborador.
Apegado a un libreto que leyó durante los casi 30 minutos en los que habló, afirmó que durante su época como funcionario “actuó siempre dentro de los parámetros de la política”, una actividad en la que no siempre es fácil saber, dijo, “si se cruzan o no algunos límites”.
José López declara en los tribunales de Comodoro Py por la causa los Cuadernos de las Coimas. La abogada de José López al llegar a los tribunales
Fue el último López. Antes hubo otros: el funcionario fiel que creció junto a los Kirchner a lo largo de tres décadas; el arrepentido que detalló los pormenores del sistema de recaudación y aquel otro que quiso salirse del juicio alegando problemas de salud mental.
La gestión de identidades volvió aparecer esta semana, pero nació en 2018, cuando el caso de los cuadernos explotó y él intentó mejorar su situación procesal.
El funcionario
López fue el hombre fuerte de la obra pública durante todo el kirchnerismo. En el organigrama, respondía a Julio De Vido, ministro de Planificación, pero su vínculo con el matrimonio Kirchner nació en Santa Cruz, muchos años atrás.
Cristina Fernández de Kirchner y el ex secretario de Obras Públicas, José López, en el acto de llamado a licitación para la construcción de la autovía Pilar-Pergamino, realizada en el Salón Mujeres Argentinas de Casa de Gobierno, 20/07/2010Presidencia
A escala municipal, estuvo al frente de la obra pública en Río Gallegos, cuando la gobernación de la provincia era para Néstor Kirchner todavía un proyecto. Con Kirchner al mando del Ejecutivo provincial, López pasó a ocupar un lugar en Vialidad y luego a presidir el organismo de Desarrollo Urbano.
Después vendría la aventura nacional, desde el 2004 hasta el 2015. Junto a Carlos Zannini y De Vido, su antiguo jefe, integra un grupo exiguo de funcionarios que atravesaron los tres mandatos del kirchnerismo.
Sin embargo, su huella más profunda en la vida pública la dejó meses después de dejar el poder, en la madrugada del martes 14 de junio de 2016, al ser sorprendido en un convento de General Rodríguez intentando ocultar casi 9 millones de dólares. Tenía en su poder relojes de alta gama y un rifle semiautomático.
“Lo odié”, dijo Cristina Kirchner, al referirse en una entrevista al episodio del revoleo de bolsos en el convento. Por ese entonces, López era diputado del Parlasur y todavía no había hecho su primer cambio de piel.
El arrepentido
El exfuncionario se convirtió en un verdadero lastre para el kirchnerismo con su decisión de apegarse al régimen de imputado colaborador en el caso cuadernos.
Al convertirse en arrepentido, López ingresó al programa de testigos protegidosFabián Marelli – Archivo
Declaró durante más de diez horas frente al fiscal Carlos Stornelli aportando detalles que le sacarían filo a la acusación fiscal: corroboró la existencia del sistema descripto por el chofer Oscar Centeno en sus anotaciones; precisó que los retornos oscilaban entre el 3 y el 7%; relató que fue su jefe De Vido quien lo puso en conocimiento del mecanismo y que luego fue él mismo quien se lo transmitió a Cristina Kirchner, en 2010, tras la muerte de Néstor, para ponerlo nuevamente en marcha.
En la misma confesión, calificó a la expresidenta como una persona “muy vengativa” y dijo que su figura le inspiraba “temor”, no solo por su vida, sino también por la seguridad de su familia.
Salud mental
En marzo de este año, ya con el juicio oral en marcha, su abogada, la defensora oficial Pamela Bisserier, le pidió al tribunal que lo apartara del proceso. Sostuvo que el exfuncionario no estaba en condiciones mentales de ejercer su defensa y que, incluso antes de cualquier pericia, existía un “evidente cuadro incapacitante” que le impedía comprender cabalmente el juicio.
La defensora oficial afirmó, además, que no podía comunicarse con su asistido, lo que comprometía la defensa “material” de López. Pero un peritaje circunscribió los lapsus del exfuncionario a episodios puntuales y Bisserier terminó por desistir de la solicitud.
Arrepentido, a medias
López ofreció su versión más reciente el jueves pasado, al declararse inocente frente a los jueces del Tribunal.
Sin responder preguntas y con los ojos puestos en un papel que leyó casi de principio a fin, intentó, sin mucha fuerza, desacreditar las declaraciones de los otros imputados colaboradores, aunque sin referirse explícitamente a la suya.
Negó haber integrado una asociación ilícita -uno de los delitos que se le achacan- y afirmó no haber tenido nunca la “intención” ni “voluntad” de cometer ningún tipo de delito. Un atisbo de remordimiento pareció emerger, sin embargo, cuando sostuvo: “El trabajo diario y el ritmo de la política no siempre hace posible que se observe si se pasan o no algunos límites”.
Ajustó su versión sobre Cristina Kirchner, al sostener no era más que a perder el trabajo, su “única fuente de ingreso”, y que nunca la concibió como la jefa de una “asociación ilícita”.
Sin embargo, nunca se desdijo -lo que habría hecho caer su régimen de colaborador, indicaron fuentes judiciales- y sus expresiones fueron “aclaraciones nuevas” respecto a su confesión como arrepentido, que sigue en pie.
La puso a resguardo al comienzo de su exposición, cuando señaló: “Sin abordar ni querer meterme en el contenido de la declaración de arrepentido, quiero narrar mi situación personal…”.
Fue trasladado a Comodoro Py desde Ezeiza, donde cumple una pena unificada a 13 años de prisión por la causa Vialidad y la causa de los bolsos de convento, y otra por portación ilegal de arma de uso civil.
En paralelo, afronta el juicio de Sueños Compartidos, el programa de viviendas sociales implementado durante el kirchnerismo que fue ejecutado a través de la fundación Madres de Plaza de Mayo y sobre el que pesan acusaciones de desvíos millonarios y fraude al Estado.
Su defensa no descarta volver eventualmente a la carga con la “incapacidad sobreviniente”, si nota que el cuadro de López se agrava durante el juicio.




