López Obrador asumió como presidente de México

Andrés Manuel López Obrador se convirtió oficialmente este sábado en presidente de México. “Acepto el reto. No tengo derecho a fallar. Bajo ninguna circunstancia habré de relegirme”, declaró durante su primer discurso con la banda tricolor, y anunció la separación definitiva del poder público del poder económico que, acusó, durante décadas se alimentaron mutuamente al cobijo del modelo neoliberal, que “resultó una calamidad” para México.

De este modo culminó un largo camino que el político de la izquierda mexicana comenzó en julio de 2005 y que incluyó dos intentos fallidos de hacerse con el poder. Más de 13 años después, el líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) dibujó en su primer discurso un proyecto que pretende enterrar décadas de neoliberalismo.

“La crisis de México se originó no solo por el fracaso del modelo neoliberal aplicado en 36 años, sino también por el predominio de la más inmunda corrupción pública y privada… Lo digo con realismo y sin prejuicios, la política económica ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país”, definió.

El primer mensaje del político, desde la tribuna de la Cámara de Diputados de San Lázaro, en el centro de la capital mexicana, fijó su hoja de ruta para un gobierno de seis años. 

En una intervención de casi una hora y 22 minutos ante el pleno del Congreso de la Unión, su gabinete, invitados especiales, gobernadores y empresarios, advirtió: “Trabajaré 16 horas diarias para dejar, en seis años, avanzada la obra de la transformación y obstaculizar la regresión”.

A las 11:22, López Obrador rindió protesta y juró desempeñar el cargo de Presidente que “el pueblo me ha conferido de manera democrática”. Ante el pleno de la Cámara de Diputados –donde hace 13 años se le retiró el fuero como jefe de Gobierno capitalino- hizo un “llamado de urgencia” al Poder Legislativo para aprobar la reforma a la Constitución que le permita contar con una Guardia Nacional.

López Obrador reiteró que no habrá persecución desde el poder Ejecutivo contra funcionarios “del pasado” que incurrieron en actos de corrupción, ya que lo fundamental es “evitar los delitos del porvenir”. Dejó claro que las autoridades judiciales desahogarán, “con absoluta libertad” los casos de corrupción denunciados. “Que se castigue a los que resulten responsables pero que la presidencia se abstenga de intervenir”, dijo.

Esta nueva etapa, recalcó, “la vamos a iniciar sin perseguir a nadie, porque no apostamos al circo y a la simulación . Queremos regenerar de verdad la vida pública de México. Además, siendo honestos, como lo somos, si abrimos expedientes nos limitaremos a buscar chivos expiatorios como se ha está hecho siempre”, en clara alusión a una modalidad que han puesto en práctica los diversos regímenes de derecha que se han alzado con el poder en el subcontinente.

“Se tendría que empezar por los de mero arriba, tanto del sector público como del privado y no habría juzgados ni cárcel es suficiente y lo más delicado lo más serio meteríamos al país en una dinámica de fractura, y confrontación”, cuando lo fundamental es la reactivación económica y la pacificación del país”.

En ese sentido agregó que por ello propuso al pueblo de México “que pongamos un punto final a esta horrible historia. Mejor empecemos de nuevo”.

En su discurso abarcó desde su programa social hasta la promesa de poner fin al fracking y a los transgénicos. No obstante, en el centro del mensaje está el propósito de poner fin a la corrupción y dar un cambio ejemplar en el reflejo que el poder da a la ciudadanía en un país acostumbrado a ver a sus políticos rodeados de opulencia y riqueza.

Nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y la minoría que ha lucrado con el influyentismo”, afirmó el mandatario. Minutos después agregó: “¡No tengo derecho a fallarle al pueblo de México! Nada material me interesa y no me atrae la parafernalia del poder. Estoy consciente de la gran expectativa que tienen los mexicanos”.

Si bien de inicio agradeció al ex presidente Enrique Peña Nieto no intervenir en la elección, enseguida reprochó que en su mandato la deuda nacional llegó a 10 billones de pesos. Y recalcó que él podrá ser juzgado por corrupción, como cualquier ciudadano.

En un acto sorprendente, la bancada de derechas del Partido Acción Nacional (PAN) comenzó a hacer un conteo del 1 al 43 en memoria de los estudiantes normalistas desaparecidos en Ayotzinapa en septiembre de 2014. El gesto ha sido utilizado en diversas manifestaciones —nunca convocadas por el PAN— que piden no olvidar uno de los delitos más atroces sucedidos en el Gobierno que llegó a su fin. Legisladores de otros partidos mostraron mensajes que pedían enjuiciar a Enrique Peña Nieto. “Ni perdón ni olvido” y “Peña, bombón, te espera la prisión”, decían otros textos en manos de senadores de la oposición.

El nuevo Gobierno mexicano arrancó con varios invitados extranjeros presentes. Destaca el rey Felipe VI de España y los presidentes de Cuba, Miguel Díaz Canel; Bolivia, Evo Morales; Ecuador, Lenín Moreno; Perú, Martín Vizcarra; Colombia, Iván Duque, entre otros. El Gobierno de Estados Unidos envió al vicepresidente Mike Pence y a la hija de Donald Trump, Ivanka, cuyo esposo, Jared Kushner, fue condecorado por el Gobierno de Peña Nieto en el último día de su mandato por sus gestiones en las negociaciones del nuevo tratado de libre comercio. Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, no estuvo en el recinto legislativo. A pesar de ello, fue repudiado por la bancada de derechas del PAN, que colgó una manta que decía “no eres bienvenido”. Maduro, sin embargo, sí acudirá a Palacio Nacional. (El País; PáginaI12)

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