El eterno problema de Argentina: la inflación

inflacion argentina

La inflación continúa siendo una de las principales preocupaciones de los argentinos. Y no es para menos. Si hay algo que caracteriza a nuestro país son sus numerosos episodios inflacionarios e hiperinflacionarios, siendo un caso de estudio para el resto del mundo hace más de siete décadas.

Durante años se recurrió a todo tipo de artilugio económico posible para atacar la inflación, pero nunca se trató su origen, haciendo que todo lo demás fracasara. Así, Argentina continúa sufriendo año a año las consecuencias de ésta. La inflación arrasa con todo, licúa salarios, castiga el ahorro, genera incertidumbre y aleja las inversiones. Todo esto mientras se reduce el crecimiento económico.

El origen

Sabemos que la emisión por encima de lo que crece la demanda de dinero, genera inflación. Es decir, no siempre la emisión monetaria generará inflación. Cuando las necesidades de efectivo de la sociedad cambia (por ejemplo, en el último trimestre de cada año cuando la gente necesita más dinero) y el banco central puede anticiparlo, satisfacen esa demanda, aumentando la cantidad de dinero. Luego, en enero, lo retiran. Este proceso no genera inflación, todo lo contrario. Así también como cuando una economía crece, y se emite una cantidad equivalente al aumento correspondiente de dicha demanda.

Pero cuando se utiliza la maquinita simplemente para cubrir déficits fiscales crónicos, la historia es otra. En Argentina, este proceso es conocido por todos: incrementar el gasto público y financiarlo con emisión. Y a su vez, para moderar el impacto que esto tiene sobre precios, buscan pisar todo precio que esté al alcance del Estado, como ser las tarifas y el dólar. Así, los controles de precios se extienden y comienza el desabastecimiento y el mercado negro.

Circulo vicioso

Cuando surgen gobiernos que buscan liberar estos controles de precios y revertir la situación, el problema se complica. Heredan déficits fiscales enormes que impiden frenar la emisión. Y para que esa emisión no presione aún más a la inflación, se entra en una dinámica en donde el BCRA busca absorber los mismos pesos que crea para financiar el déficit, emitiendo Letras que retiran el dinero de circulación pero que implican pagar tasas de interés crecientes. O sea que el BCRA tiene ahora que emitir para financiar el déficit fiscal (que ahora recae sobre una Base Monetaria cada vez menor proporcionalmente) y además emitir para pagar los intereses sobre su deuda de Letras (que son una proporción cada vez mayor). Momento en que entra en el terreno del déficit cuasifiscal. Esto presiona a devaluar para licuar el pasivo del BCRA.

Es decir, el déficit y la emisión nunca frenan, por lo que la inflación tampoco. Por esto es que se dice que no se puede parar la inflación sólo con política monetaria. Reducir la inflación de manera sostenible, es reducir el déficit fiscal, o sea con política fiscal.

Déficit cero, emisión cero

Luego de que la estrategia antiinflacionaria inicial de Cambiemos fracasara cayendo en este mismo circulo vicioso, surgió un nuevo compromiso – con el FMI – de alcanzar déficit primario cero y emisión cero. Compromiso que sólo tomará cuerpo si se reduce el déficit fiscal. Es decir, Argentina le ganará a la inflación cuando equilibre finalmente sus cuentas públicas.

Sin embargo, no debemos olvidarnos que si bien el problema de las Lebac está terminado, han creado un nuevo monstruo: las Leliq. Con una tasa del 70% se hace complicado bajar la tasa de inflación esperada, ya que el instrumento en cuestión es potencial emisión monetaria futura. Es decir, no se ha logrado desinflar los pasivos del BCRA.

Por Laura Neme

Fuente: El eterno problema de Argentina: la inflación

Comentarios
Compartir